lunes, 5 de agosto de 2013

Las Vacaciones: Compartiendo espacios emocionales

Por fín han llegado para muchos, los deseados días de vacaciones, como es en mi caso.
 
Llegan las vacaciones y con ellas llegan los días de descanso, de introspección, de meditación, de lectura, de realizar actividades individuales o en grupo que durante el resto del año no solemos hacer, etc.
 
Pero también llegan los días en los que tenemos que compartir espacios físicos y emocionales con otras personas y pasamos de compartir pequeños espacios de tiempo a compartir semanas o todo un mes con todas sus horas, con nosotros mismos, (nuestra mente está desocupada), con nuestras parejas, familiares directos, familia política o con nuestros amigos. Son estos periodos donde "podemos" y "debemos" utilizar nuestros recursos y estrategias emocionales para que nuestras vacaciones se puedan recordar positivamente.
 
Son estos periodos, en los que convivimos de forma más directa con otros, lo que nos permite conocernos más y conocer las personas que nos rodean y descubrir facetas o aspectos, que nos pueden llegar a sorprender, pero sobre todo descubrir, conocer y crecer un poquito más nosotros y nuestros allegados; pero tenemos que estar abiertos mental y físicamente y no poner barreras a los que nos rodean, esperar lo mejor de cada situación, ser nosotros mismos y sobre todo eliminar expectativas, no esperar algo de los demás o de situaciones, lo que tenga que ser, será...y si quiero algo, lo propongo o lo voy a buscar.
 
Deseo unas felices vacaciones a mis familiares, amigos, conocidos y animo a los mismos para que a la vuelta de sus vacaciones envíen un post con sus descubrimientos personales en estos días de vacaciones.
 
Voy a transcribir un cuento que nos va muy bien en estas fechas, "El campesino y el sabio" un cuento del libro de Catherine Rambert.



"En el siglo pasado, en una aldea de las profundidades de Asia, vivía un viejo sabio. Los habitantes solían consultarle para someterle sus problemas y escuchar sus razonados consejos. Era un hombre amado y respetado por todos.
Cierto día, un campesino de la aldea fue a verlo aterrado pues el único buey que tenía para ayudarle a labrar su campo había muerto por la noche. Lloroso, se lamentaba sobre lo que parecía ser la peor de las catástrofes.
<<Tal vez sí...tal vez no...>>, se limitó a decir el sabio con voz dulce.
No sabiendo que pensar de esta reacción, el campesino se fue, perplejo. Algunos días más tarde, regresó loco de alegría. Había capturado un joven caballo salvaje y lo había utilizado para reemplazar al buey y tirar del arado. El fogoso semental facilitaba las labores, tan vivaz era!.
El campesino le dijo al sabio:
<<Tenías razón. La muerte de mi buey no era lo peor que me podía pasar. Este caballo es una bendición.
-Tal vez sí ...tal vez no>>-respondió el pensador con dulzura y compasión.
Al marcharse, el campesino se dijo, que decididamente, el viejo sabio era un hombre curioso, puesto que no era capaz de alegrarse con él de su buena fortuna.
Pero algunos días más tarde, el hijo del campesino se rompió una pierna al caer del caballo y tuvo que guardar cama durante varios días.
El hombre volvió a ver al sabio para llorar por esta nueva calamidad. Su hijo estaba inmovilizado para la cosecha y temía que su familia se muriera de hambre.
<<¡Qué desgracia! -repetía.
-Tal vez sí...tal vez no -opinó tranquilamente el sabio.
-Decididamente, sólo sabes decir eso -se enojó el campesino-. Si éste es todo el consuelo que me das, ¡no vendré a verte más!>>.
Y salió de la casa, lleno de cólera.
Entonces, una terrible noticia corrió por la región. Acababa de estallar la guerra. Grupos de soldados fueron a enrolar a todos los jóvenes válidos. Todos los jóvenes de la aldea fueron obligados a partir hacia una probable muerte en combate. Todos salvo el hijo del campesino, que seguía herido.
Éste, volvió de nuevo a casa del sabio.
<<Perdóname -imploró-. Me he pasado el tiempo lamentándome por lo que me sucedía e imaginando las peores catástrofes, cuando nada de todo eso ha ocurrido. En lugar de permanecer tranquilo, sentí pánico y te maldije. Sé hoy que es vano imaginar el porvenir, pues nadie sabe nunca lo que el futuro nos reserva. Hay que mantener la esperanza, siempre existen peores desgracias que las propias. En fín...
 
<<Tal vez sí...tal vez no>> Y el sabio, sonrió lleno de bondad y de indulgencia."
 
Un abrazo.
 
 
 

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